
A partir de su consagración a Dios, una de las partes más importantes de la vida de San Ignacio está en Azpeitia, en el Hospital y la Ermita de la Magdalena, a sólo un kilometro de su casa natal de Loiola.
En la Parroquia de San Sebastián de Soreasu de Azpeitia se conserva y se venera como preciosa reliquia la pila en la que San Ignacio recibió las aguas bautismales.
Ubicado cerca de la Casa-Torre, en este caserío pasó San Ignacio los primeros años de su niñez, amamantado por una nodriza, María Garín, esposa del ferrón de Errazti que residía en esta casa y trabajaba en una de las ferrerías de los Loiola.
Aquí acudía frecuentemente San Ignacio en los días de su niñez y adolescencia a orar ante la Virgen de Olatz. También aquí se reunían las Juntas de Gipuzkoa.
En este Hospital se hospedó San Ignacio por espacio de tres meses, cuando en 1535 estuvo en Azpeitia. Desde aquí salía diariamente a mendigar por las calles de Azpeitia las limosnas que repartía después entre los pobres hospitalizados.
Aquí predicaba a sus paisanos y enseñaba catecismo a los niños. Fue restaurada el año 1921, con ocasión del IV Centenario de la herida de San Ignacio en Pamplona.